Maestro Heberto

 

La historia del Maestro Heberto es muy especial. Vale la pena extenderse en este aspecto ya que, no solo le ha permitido obtener un enorme conocimiento sobre técnicas de sanación y plantas medicinales, sino que también le ayudo a adquirir una madurez y comprensión de la vida desde muy joven, desarrollando a la vez una gran humildad y sensibilidad que se hacen evidentes desde el primer contacto con él. Además de transmitir confianza y serenidad, el maestro posee una increíble fuerza combinada con el sentido del humor y un buen conocimiento del mundo occidental y sus necesidades. A diferencia de mucho maestros Shipibo, Heberto tiene un perfecto dominio de la lengua española y posee excelentes habilidades de comunicación.

Doña Inés dio a luz a Heberto un día caluroso de agosto de 1978 en su hogar en Maputae, a las orillas de un bello lago en el distrito de Yarinacocha, la comunidad de los Shipibos, en la región Ucayali de Pucalpa. Durante los 90s, muchos Shipibos, con el fin de preservar sus técnicas de sanación tradicional y su sabiduría ancestral, se vieron forzados a emigrar a Loreto, el distrito más grande de Perú en el cual alberga la región más extensa de selva virgen (aproximadamente el tamaño de Alemania). Por varios motivos, Maputae y sus alrededores habían sido la zona preferida por los merayas de la antigüedad. Meraya hace referencia al grado más alto al que puede aspirar un curandero, capaz de hacerse invisible o ser percibido como un animal. Yosi Ocha, el abuelo del Maestro Heberto, es considerado el último de los merayas. Desde muy temprana edad, Heberto ha sido sometido a un régimen muy riguroso con arduos periodos de entrenamiento chamánico y dietas bajo la dirección de su abuelo. La historia comenzó cuando Heberto tenía tan solo dos años.

 

INICIACIÓN

La madre de Heberto se encontraba recogiendo la ropa que había extendido para secar al sol cuando de repente, el cielo se oscureció por una gran nube negra la cual es considerada por los Shipibos como la nube que transporta a Mayatai Jonibo, los espíritus viajeros. En ese entonces, el pequeño Heberto salió en busca de su madre y fue cuando ha sido atrapado por estos espíritus. Era costumbre en la tribu que cuando esa nube negra aparecía acompañada de un viento fuerte, debían refugiarse teniendo especial cuidado de proteger a los más pequeños, ya que podía ser muy peligroso para ellos, tanto física como mental y espiritualmente. Cuando un alma es atrapada por los espíritus, los síntomas son una debilidad general, ataques de vómitos, diarrea y una peligrosa disminución de los signos vitales. Esto es lo que le sucedió al pequeño Heberto cuando tenía tan solo dos años, lloraba y se encontraba cada vez más débil.

Al intuir lo que había sucedido, Inés lo llevó de inmediato a ver a su tío, el Meraya Luís, para ver qué podía hacer para recuperar su salud tan debilitada. Sintiendo su pulso, Luis confirmó que el estado de Heberto era peligrosamente delicado. Los espíritus de los vientos habían llevado su alma a un destino desconocido y lejano, y la única esperanza era de seguir las huellas espirituales que habían quedado cuando el viento pasara por el patio esa mañana. Sin más preámbulos, Luis corrió a la casa de un vecino Meraya Bawan Sani, para contar con su ayuda en la difícil misión de rescatar el alma de Heberto.

Luís sacó un puñado de mapacho negro (tabaco) de su bolsa, lo mezcló en un frasco con agua hasta obtener una pasta uniforme de color negra que tragó de una sola vez, e inició una ceremonia. Cuando entró en trance, ingresó a la tienda mosquitera que solo se usa en las ceremonias más poderosas. Junto con Bawan Sani, trabajaron para localizar la nube negra, la cual encontraron alrededor de la vasta selva del Amazonas. Cuando finalmente terminó la ceremonia, Luis informó lo siguiente:

«La ciudad de los espíritus, o seres invisibles, es enorme. Otros seres, conocidos como los espíritus de los vientos, también viven allí, son notables por sus enormes orejas y su cabello gris trenzado que termina en cabezas de serpientes. Cuando estos espíritus se sienten muy afectados por las acciones sin sentido del hombre que contamina el medio ambiente, el cual también es su hábitat, se enojan y comienzan a agitar sus enormes orejas produciendo grandes vendavales, tormentas y huracanes para purificar el aire contaminado.”  Leer más...

Y Luis continuó: “Los seguimos en los caballos alados, mis aliados que me transportaron a otros espacios siderales, y cuando llegamos a ese lugar, vi con gran preocupación que muchos de ellos estaban comprometidos en una ceremonia para la adopción de espíritus. El espíritu de Heberto estaba en medio del círculo y estaban a punto de transformarlo en uno de ellos. Incluso habían comenzado el proceso de bautismo utilizando plantas del viento. Ya habían aplicado la tintura en la frente y habían pronunciado su nombre místico, lo habían renombrado Niwen Koshi. Los seres con enormes orejas se asombraron al vernos, ya conocíamos a algunos de ellos, habíamos tratado en ocasiones anteriores. Estuvieron obstinados en su negativa a devolvernos el alma de Heberto, ya lo habían bautizado y aplicado sus tinturas sagradas. La energía vital de los espíritus de los vientos fluía ahora en su cuerpo espiritual, que por lo tanto estaba listo para embarcarse en los grandes viajes que emprenden alrededor del mundo. No fue fácil convencerlos, tuvimos que insistir en que él era un miembro de mi familia y recurrir a ciertos trucos de persuasión. Ante nuestra insistencia y perseverancia, finalmente decidieron dejarnos recuperarlo, pero antes de entregarlo, nos aseguraron que Heberto, en la tierra, nunca sería una persona normal, ya que ahora había absorbido la energía de los espíritus de los vientos. Él sería una persona muy especial, ya poseía un cuerpo ingrávido para poder transportarse a voluntad a otros lugares, al igual que ellos. Además, nos dijeron que en cualquier momento, él podría alcanzarlos y, si así lo deseara, vivir con ellos en su comunidad.»

”Por último, insistieron en la importancia de que, si estábamos decididos a volver a unirlo con su cuerpo físico, debíamos ayudar a su desarrollo para que pudiera vivir como un ser especial en la tierra. Debíamos ponerle a dietar estrictamente durante tres meses, fuera de la vista de las personas normales, alimentándolo solo con pescado y verduras y, durante este tiempo, debíamos bañarlo con una preparación a base de las plantas Nuyá Rao y Niwe Rao». (La planta Niwe Rao es muy utilizada en tratamientos chamánicos, principalmente conocida por su eficacia en la apertura y el fortalecimiento de la conexión con el espíritu). “Insistieron en que éste sería un pacto solemne entre ellos y nosotros, el cual garantizaría que este niño siempre tendría una manera de contactarles. De acuerdo con estas obligaciones, lo tomé en mis brazos y lo devolví a su cuerpo físico.”

En conclusión, Luís le dijo a Inés que a partir de ese momento su hijo llevaría el nombre de Niwen Koshi, que significa «la fuerza de la tormenta” o “la fuerza vital de los vientos”. Y así fue como el pequeño Heberto, o Niwen Koshi, recuperó su salud. 

APRENDIZAJE

Algunos meses después, su abuelo Yosi Ocha, se embarcó en el entrenamiento chamánico de su nieto. Uniendo fuerzas con su hermano LuÍs, tomó a Heberto a su cuidado y juntos decidieron hacerle dietar Chullachaki Caspi y Remocaspi inicialmente, haciendo infusiones de la corteza de estos grandes árboles maestros. Decidieron comenzar su dieta con estos árboles porque, además de ayudar a proteger el cuerpo físico, también están relacionados energéticamente con los espíritus del viento. Niwen Coshi completó así su primer dieta de tres meses.

El joven comenzó la escuela primaria y durante sus primeras vacaciones de verano estuvo acompañado por sus abuelos Yosi Ocha y su esposa, la reconocida shamanka Luzmila. Allí, en la plantación de bananos de sus padres, se reanudaron las dietas. Este patrón continuó a lo largo de sus años escolares. Heberto fue aprendiendo de primera mano el poder de todas las medicinas naturales más sagradas de la Amazonía. También tuvo el privilegio de tener muchos maestros distinguidos, entre ellos Don Sharaco (un tío de su padre), uno de los toeseros más talentosos y venerados por los Shipibo. (Toé es una planta similar a la datura europea, pero botánicamente distinta, la cual contiene un alcaloide extremadamente poderoso que altera la mente y por este motivo debe usarse con la máxima precaución). Los años siguientes sirvieron para enriquecer considerablemente sus experiencias a través de las conexiones de Yosi Ocha con los chamanes y las shamankas de las tribus Ashaninca y Cacataibo. Al concluir su educación formal, Heberto era probablemente el etnobotánico mejor calificado para su edad.

El año 1996 marcó un hito importante en la vida de Heberto, le tocó ser testigo del asesinato de uno de sus tíos por parte del grupo terrorista Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA). Tras este episodio, su familia decidió mudarse a la región de Iquitos y Heberto comenzó a estudiar allí biología en la Universidad de la Amazonia Peruana (UNAP). El perfecto complemento “científico” a su ya profundo conocimiento etnobotánico. Durante sus primeros años de universidad, encuentra poco tiempo para los estudios chamánicos hasta que es visitado, en sus sueños, por los espíritus de los vientos quienes le dejan un mensaje claro y conciso: para cumplir su misión en este planeta, debe reanudar sus estudios chamánicos. Poco tiempo después visita a sus abuelos en compañía de sus padres y participa en la ceremonia que cambiará su vida. Allí es nombrado ayahuasquero. Años después se formó también como huachumero (practicante de San Pedro), recibiendo los conocimientos de las disciplinas chamánicas de las regiones costeras y andinas del Perú. Siguió con un arduo entrenamiento por varios años más y, a partir del año 2000, comienza a recibir personas que se retiran en el terreno que posee junto a su familia en la selva con el fin de recibir tratamientos de sanación con plantas medicinales.

En 2014, ya con la firme convicción de trabajar en la preservación y difusión de las auténticas prácticas chamánnicas Shipibo, fundó el Instituto Peruano de Chamanismo y Medicina Natural (IPCHAMENA). Hoy día, el centro Yosi Ocha recibe una gran cantidad de pasajeros al año, tanto para tratamientos de salud, como estudiantes que vienen motivados por iniciarse en las prácticas chamánicas siguiendo la tradición Shipibo.