El equipo Yosi Ocha

 

El Maestro Heberto, director del instituto, es quien está a cargo de los tratamientos que se imparten en el centro. Él es habitualmente asistido por un número de otros chamanes quienes trabajan bajo su dirección, realizando así una aportación especial desde sus propios conocimientos y experiencias. Cada chamán tiene una especialidad y puede ser, por ejemplo: tabaquero, ayahuasquero, tosero, huachumero, etc.

A menudo, el Maestro Heberto es asistido por una o más de nuestras encantadoras chamanas, o shamankas. Mientras que las participantes femeninas encuentran esto tranquilizador, el equilibrio de las energías masculinas y femeninas es de suma importancia a la hora de realizar el trabajo en el mundo espiritual. Sus ícaros profundamente sanadores contribuyen a la belleza trascendental de las ceremonias. Además, las chamanas pueden sacar espíritus malos, aliviar las náuseas y a través de sus propias visiones muchas veces contribuyen con nuevas perspectivas.

Soila Picota Vargas (la Chamanquita)

Curandera Shipibo

Soila Picota Vargas, o «Mamá Soila», o «La Chamanquita», como es cariñosamente conocida en Yosi Ocha, nos viene acompañando por años y es la mano derecha del Maestro Heberto. Su trabajo no solo es asistir al Maestro cuando él se encuentra dirigiendo una ceremonia. Mamá Soila también está a cargo de los baños medicinales y rituales diarios, especialmente aquellos con los palos maestros, ya que Mamá Soila es una excelente maestra palera. A veces dirige sus propias ceremonias y es también muy apreciada como consejera ya que se puede acudir a ella en cualquier momento para compartir experiencias o solicitar todo tipo de consejos.

Nacida en 1970 en el poblado de Vista Alegre de Pachitea, Soila se embarcó en su aprendizaje chamánico a la edad de 20 años. Además de ser una maestra ayahuasquera, es una palera consumada. Un palero es un chamán que se ha especializado en el conocimiento de los árboles maestros o palos maestros, de cuya corteza se fabrican algunas de las medicinas vegetales más poderosas, y es una de las especialidades más exigentes, que requiere años de arduo entrenamiento.

De niña, solía padecer pesadillas en las que era perseguida por extrañas criaturas mitad hombre mitad planta. Sus padres consultaron con varios curanderos que no consiguieron aliviar sus sueños. Cuando Soila tenía 10 años de edad, su tío, que era ya un reconocido chamán, vio en una visión que su sobrina había nacido para ser curandera y por ese motivo los espíritus de las plantas estaban intentando alcanzarla en sus sueños. En esa visión, su tío vio tres plantas con las cuales debía hacer una poción para curar a Soila de sus pesadillas. Desde entonces ella comenzó a conectar con las plantas en sus sueños y a recibir sus energías curativas, y ya no volvió a tener miedo. Leer más...

 

Tan solo dos meses después sucedió algo extraordinario, Soila ya podía curar enfermos sin la necesidad de consumir ninguna planta visionaria y enseguida corrió la voz en el poblado. Sus padres sintieron que debían proteger a su hija de cualquier malvado que quisiese robarle sus poderes y decidieron mudarse a una aldea lejana.

Diez años más tarde, las pesadillas volvieron y Soila, sin decir nada a nadie, elaboró la misma poción que le había dado su tío de pequeña. Esa noche vio en su sueño personas enfermas de todas las edades, pero especialmente mujeres y niños, que acudían a ella a pedirle ayuda y ella se sentía desconsolada por no tener medicina que ofrecerles. Contactó con su primo José Fasanando, un prestigioso chamán, y bajo sus auspicios comenzó su aprendizaje chamánico.

Después de tres años de dedicado trabajo, Soila se encontraba lista y comenzó un viaje por la cuenca del Alto Amazonas curando con éxito a un gran número de enfermos. Continuó, a su vez, dietando una gran variedad de plantas e integrando sus energías en su inventario de curación. Aún hoy sigue realizando dietas.